“Rivales ante el abismo” por J.F.Iranzo

– Do… ¿dónde estoy? Hace frío… y… y tengo mucha, mucha fiebre… Me… me voy a…
– Tranquilícese, O´Neill, todo va bien, ya está a salvo.
– ¿A sal…? ¿Quién es usted? Está muy oscuro… Joder, ¿dónde estoy? ¿Quién…?
– Soy el que… le salvó. Tranquilícese, ahora se encuentra en el Hospital de Campaña Queen´s Margarett, sedado y fuera de peligro. Está fuera de peligro… No hace frío, no tiene fiebre. No… no se muere.
– ¿El que me salvó…? Jesús, ese darpa de… ¿es usted el darpa que nos acompañaba en…?
– …
– Po… ¿por qué está todo a oscuras…? Y oigo muy mal… Mis ojos… ¿qué diablos me ha pasado?
– Sus ojos, esto… sufrió graves quemaduras por el frío, y hace horas tuvieron que operarle de urgencia para salvarle los dos tímpanos… Pero no es… letal, no, saldrá de ésta.
– Mis ojos, no… ¿Estoy ciego… es permanente?
– Parece ser… No sabe cuánto lo siento…
– Je… y yo, créalo… Otra vocación que desempeñar, sin poder ver jamás las pistas de nieve, ni los bosques, los Alpes, las dunas embarradas de carrera contra reloj… y, bueno, conocer al tipo que me salvó del abismo.
– Abismo… ya.
– Lo único que creo recordar es que murió alguien… antes de caer enfermo, pero mis recuerdos son muy vagos. ¿A quién perdimos en esa montaña?
– Quizás al menos indicado…
– ¿Cómo? ¿¡¡Battlebass!!? ¿El hombre con el que competía por aquella escalada? ¡¿Ese?! Qué lástima, maldita sea…
– ¿Por?
– Nos conocíamos. Nunca nos llevamos bien, siempre se pavoneaba ante cualquiera: “Póker de Arietes”, el mejor escalador de su época, je… Pero aun así un rival digno y de verdad. Apasionado y narcisista pero muy combativo, sin nada que esconder ni perder en la competición… Joder, que lástima.
– Señor O´Neill, nadie… perdóneme, nadie se lo ha comentado, pero es que hubo alguien que planeó ponerle fuera de circulación.
– ¿Cómo…? ¿Qué está diciendo…? ¿Quién?
– Diez horas antes de culminar la prueba usted enfermó por la peor tormenta de nieve de la década. No se veía un palmo en la oscuridad, y la fiebre subía por todo su cuerpo… Tratando de pedir ayuda por radio el otro miembro de nuestro grupo se despeñó colina abajo… Fuera o no un accidente yo, al menos, jamás lo sabré, pero una persona ambiciosa vio su alma precipitada al abismo más oscuro con el resto de sus ideales si usted también moría allí…
– Entonces usted me salvó, ¿verdad?
– Usando lo mucho que aprendí en las montañas lo estabilicé, cargándolo hasta la cima y pidiendo ayuda inmediata por la zona de mayor cobertura por radio de entre las rocas… Mientras se lo llevaban en Medicóptero hacia Cuidados Intensivos, todos me miraron fijamente, como sorprendidos de mis actos… como si yo ya no fuera el mismo.
– Gracias.
– No sé por qué…
– Esto… no le entiendo…
– “Póker de Arietes” y usted eran, no sólo amigos, sino compañeros en disputa de lo más alto… Siendo usted amateur le enseñó varias cosas acerca de la vida y del éxito… Era su mentor pero también su peor adversario.
– ¿Cómo coño sabe todo eso?
– Fama, amigo mío. Hasta yo leo revistas.
– Disculpe, lo siento pero, es que, su voz…
– Rivales o no, amigos quizás: ¿le hubiera perdonado algún día tal intento de asesinato? ¿Que ahora usted se encuentre así, ya sin hacerle sombra?
– Escuche, amigo: le agradeceré de por vida su ayuda, sea por el Premio Pulitzer, o por dinero o por humanidad o por lo que cojones sea… Pero si lo que realmente quiere es ahora mismo una bonita exclusiva para el mundo mundial de “Rata Voladora” O´Neill… pues sí, le hubiese perdonado. Era un amigo, quizás endemoniado por la codicia, pero me llevó desde la calle y el parkour hasta el límite de mis posibilidades. Me hizo estar vivo… Perdone el tono pero… no, no le guardaría rencor.
– ¿De… de verdad?
– ¡¡Pues claro!! ¿Quién coño es usted para…? Un momento… Mierda, su voz…
– Gracias…
– Su… ¿¡Su voz…!? No, no puede ser cierto… No…
– Adiós… Bat.
– ¿¡¡Jimmy!!?… joder, ¡espera!

Días después en la década de los noventa yo, Taylor J. “Rata Voladora”, “Bat”, O´Neill, privado de toda luz pero con lágrimas nadando entre mis ojos tullidos, escuchaba la noticia desde la radio del hospital de cómo “Póker de Arietes” James Battlebass se declaraba culpable por la desaparición sin esclarecer del darpa danés que nos guio por el trayecto, así como del intento de homicidio en Primer Grado, todo entre gritos y abucheos de gente y muchísimos de sus fans. Joder… no sé por qué me salvó la vida y hundió la suya… ¿quizás fueran los remordimientos? ¿Que cuando eliges un camino como éste ya no hay vuelta atrás?
Asesinarme. Él me enseñó que la rivalidad y el éxito tienen unos límites… que, entre gente como nosotros mejor ir con cinco ojos que con dos… Pero jamás me dio fe de su gran potencial como especialista… ni su humanidad como persona.
Iré a visitarte pronto a la cárcel, amigo, no te apures. El alta está cercana, y, te repito, puedo oírte, pero no te guardo rencor.

José Francisco Iranzo Villar

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