GENERACIÓN CORONAVIRUS V

el

MI VIAJE A AMÉRICA CON COLÓN

Rafa Beltrán

CAPÍTULO 5

Acabé el último capítulo contándoos que habíamos acuchillado a los indígenas y esto les enfadó mucho, lo cual no entiendo, pues lo hicimos con mucha educación. Así que salimos precipitadamente de noche, y al timón Juan de la Cosa, que no sé si había bebido, pero se dio una piña con la Santa María de “cuidao”. Llamamos a Línea Directa y se puso Matías Prats, pero nos dijo que solo teníamos seguro a terceros, así que se nos ocurrió que con los restos del buque podíamos crear un asentamiento que Colón bautizó como Fuerte Navidad dado que la hostia nos la dimos el día de Noche Buena. El Almirante quería que unos hombres se quedaran allí y pidió voluntarios, entre otros me pregunto a mí, pero yo le dije que me había dejado abierto el gas. “Ni de coña me quedo aquí”, pensé, dado lo sucedido con los indígenas, lo cual fue todo un acierto. Como ya os comentaré más adelante, embarcamos en la Niña y la Pinta dejando a los más tontos en el fuerte, comenzando el regreso a la patria para contar la Buena Nueva. El viaje de vuelta no fue tan dramático, al menos sabíamos adónde íbamos, pero sí que sucedió algo que casi nos cuesta el pellejo. Y es que unos días después de la partida nos sobrevoló un dragón, y unos con poco juicio decidieron robarle la gasolina, porque no os equivoquéis, el dragón vuela porque tiene alas pero el fuego que escupe lo hace con gasolina y un mechero. Total, que se la robaron. Entonces les pregunté:

—¿Para qué queréis la gasolina si esta nave va a vela?

—Para quemar el poblado de los indígenas —me contestaron. 

—Me lo temía —pensé— Estos están obcecados.

Pero he ahí que empezó el problema grave. El dragón se enfadó mucho, lógico, al precio que está el combustible. Se paró en la cofa amenazándonos con comernos a todos, había que buscar una solución urgente, así que decidí tomar las riendas pensando qué podíamos hacer. De pronto se me ocurrió la solución: ¿qué hacemos los españoles cuando tenemos problemas? Pues recurrir a los santos. Los santos son muy buena gente, así que muy determinado me dirigí al timonel y le dije:

—Pepiño, llama a Santiago 

—¿A qué Santiago? —me preguntó asombrado

—Pues a Santiago de Compostela, a qué Santiago va a ser. Mira que somos cortitos, ¿no es el patrón de España? Pues que baje y nos ayude

—¿Y por qué lo tengo que llamar yo? —insistió

—Jo, porque eres de Lugo. Si baja hablando gallego tú lo entenderás. Bueno, ya lo hago yo, aquí todo lo tengo que hacer yo —así que me puse a ello. Yo mismo llamaría al Apóstol pero como no me fiaba decidí mandarle un burofax, sí, porque en el cielo los papeles se pierden.

Y bajó, bajó, en una nube blanca con un caballo del mismo color y rodeado de un aura espectacular —¿Dónde están los moros, dónde están los moros? —preguntó con una voz atronadora.

—¿Qué moros? —le contesté

—Bueno, —dijo él— soy Santiago Matamoros, me habréis llamado por eso, ¿no? 

—No, Don Santiago, aquí el único moro que hay es Ahmed, el top manta, pero es muy buena gente y lo queremos mucho. El problema que tenemos es un dragón.

—Bueno, es que lo de los dragones lo lleva San Jorge —me contestó.

—Ya estamos echando balones fuera, Don Santiago. ¿No es usted el patrón de España? ¡Pues ayúdenos!

—Claro, — me respondió— pero es que aquí entramos en un conflicto de competencias y quizá San Jorge se enfade.  

—Mire, Don Santiago, no tengo ganas de discutir, no queremos que nos salve San Jorge, que es el patrón de Inglaterra, así que suba y eche al dragón o hacemos patrón de España a San Lucas….    

LUCAS

Mariló García Martínez 15/04/2020

Apenas si era de madrugada, Lucas se levantó de un salto de la cama y se vistió. Bajó a la cocina, engulló un café y unas magdalenas, se preparó un bocadillo y cogió sus cañas de pescar, anzuelos, gusanos. Se encaminó al puerto por el camino pedregoso que llevaba al faro…

Había sido marinero, de gorra y pipa humeante…, qué tiempos aquellos. Ahora se vestía como un jovenzuelo y se iba de madrugada al puerto a echar sus cañas, a ver lo que picaba: doradas, jureles, caballitos de mar, estrellas pero nunca una bota.

Encontraba refugio en aquellas rocas afiladas, ¡cómo rompían las olas en las rocas, con qué fuerza y con qué ganas! Cuando la ola se retiraba se veían algunos pececillos nadar contracorriente, pero era inútil, el mar los estampaba contra las rocas…, y allí se quedaban panza arriba.

Antes marinero y ahora pescador, estaba en su salsa…. y esa gorra de lana azul marino con tres rayas blancas y su pipa, cómo echaba humo, cada bocanada era una nueva figura.

Antaño, en los tiempos en los que estuvo embarcado, estuvo en amores con Rosita la de las flores. Rosita tenía una floristería y hacía bellos ramos de flores…, pero aquello les duró poco; marinero de muchos puertos, muchas mujeres en su lecho, la mayoría prostitutas que se dejaban caer por el puerto por unas pocas monedas y por si alguno quisiera retirarlas de la mala vida. ¿Mala?, no saben bien lo que era mala. A lo mejor Lucas y los de su casta, la llevaban peor que mala. De puerto en puerto, de ciudad en ciudad y sin hacer pie en ningún sitio. Lucas no tenía más familia que sus padres y dos hermanas, algunos sobrinos con los que se trataba poco cuando le daban unos días de permiso.

Eso sí, su familia vivía bien a costa de los dineros que les enviaba puntualmente todos los meses en un giro postal desde el puerto donde hubiese oficina de correos. Lucas estaba ya entrado en años y peinaba canas como solía decirse. En su pueblo le tenían por huraño y ermitaño pero era la soledad que había hecho mella en él lo que le apartaba de sus vecinos. 

Un día Lucas, como cada madrugada salió de casa para no volver más. Al golpe de una ola se lo tragó el mar.

UN CIELO POR SURCAR…

A. Castillo -2020-

Todos los días

me levanto con la intención

de formar una nube

y subirme a ella.

Un barco y surco

los mares y el amor,

una brújula y quedo

al norte contigo.

Todos los días hago

bonitas nubes blancas,

con mis más bellos sueños,

con mis recuerdos eternos.

No puedo ir por el mundo

sin guía ni mapa,

ni sin esas nubes blancas

con las que me recreo y crezco.

Todos algún día

tendremos una estrella

y yo me acerco a ellas

con cada nube que pasa.

TARDE DE DOMINGO…

Paloma Rubio

Tarde de domingo, 

La calle silenciosa, mi alma en calma. Encuentro mi equilibrio entre mis debilidades. 

No dudaré más de mí ni de mis latidos que me recuerdan que estoy viva, sí, viva, pero también un poco muerta. Mis años no son sólo números, son espacios de celebración y de alegría, pero también de reglas preestablecidas que me salto cada día.

Mi soledad y yo, mi vivencia olvidada.

No dejes que la noche me arrope, ni que me desnude el día. Déjame ser sin juicios, ni valores, mis actos desde tu perspectiva.

Oscuros y claros, eso soy. Voy y vengo y salgo de mi misma para saber con quién puedo contar y quién … Nada de eso me importa. Buscando entre mis recuerdos mil amigos volaron otro cielo. Y pocos, bien pocos, me dan sus manos llenas.

Para vivir yo quiero

Una bocanada de aire, espuma y cielo.

MI TENDEDERO

Chelo  19/05/2020

Mira, te cuento: hoy he encontrado mi tendedero abierto, y ¿sabes qué llevaba en él? Los calcetines del encierro, sí, del encierro impopular para nuestros cuerpos salvar del coronavirus, que invisible pero presente, va matando gente.

Pero ahora veo la luz y veo todo lo siguiente: colgante y latente, te veo a ti, la generación del coronavirus -amigos y compañeros de batalla-, escribiendo para los compañeros luchadores e impertérritos capeando temporales como en los mejores tiempos, y triunfantes ante ellos.

Y un ordenador color champán que combina con todo, y a través del cual nos reunimos y nos vemos todos en cuadraditos pequeños para que no nos pille ese virus. Nos miraremos de lejos.

Y hay más ropa también en mi tendedero: son mis besos y abrazos para todos mis compañeros.

L MEU GENER

Aure Lerma 01/01/2020

Volguera endinsar-me lentament dintre la teua epidermis, i si per a fer-ho necessitara eines només em caldrien les meues mans innocents i balbes. Sí. Aquesta mateixa freda nit de gener, que cau pesada de tanta rialla i paraula insolent/ l’abric dels teus braços em manté ferma com un roure.

Ara, però només em cal la presència física del meu estimat/ tot i que ja sap que és present al meu pensament.

Aure Lerma 16/01/2020

Guardar sota els llençols eixe treballat secret mai esvaït de la memòria i sempre present/companyia i aixopluc per als dies on la malenconia t’arrapa la pell i per a les nits fredes i plenes d’un insomni trencat pel plany amortiguat del silenci/

Dintre el meu record perviurà el caliu d’un gener farcit de sol/ farcit de sort/ farcit d’amor…..farcit de dolor.

—————- GENERACIÓN CORONAVIRUS ———————

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