NÚMEROS EN LA OSCURIDAD

el

Si te gusta la ciencia ficción, no te puedes perder el nuevo relato de nuestro compañero Iranzo, que bien podría ser el argumento de una película de éxito.        

Rómulo 21. Único baluarte del yermo y refugio de los pocos supervivientes cuyos recursos se agotaron en sus búnkeres nucleares. Kilómetros de techo acristalado por el desierto convertían la luz solar y radiación en energía limpia e ilimitada. Sus depósitos acuíferos subterráneos así como cultivos hidropónicos garantizarían cualquier necesidad en décadas.

          Tomás Kaphman era su supervisor social. Últimamente brillaba la calma en cada Día del Calendario de Rómulo. No se había percatado de ningún incidente, ni descontento… cosa rara que cambiaría para bien a la vuelta del gerente científico del refugio, el doctor Taylor J. DaSilva. Una alegría devota general hacia su salvador de la Última Gran Guerra nada más éste cruzase por el hangar.

          Habían pasado ya unos tres meses desde que partió por los yermos fronterizos en busca de reductos Felden; mutantes remanentes portadores de un patógeno gaseoso que ocasionaba reacciones violentas y anómalas en la mente de los seres humanos.

          Justo antes de regresar descubrió a unos cientos de millas de Rómulo 21 un laboratorio clandestino el cual, aunque arrojó información vital para sus protegidos, la hazaña le iba a costar muy cara.

          El accidente con el incendio de tanques de Hidracina en la sala de ensayos le obligó a reimplantar su cerebro dentro de un mecha de servicio. Pese a ello contaba con planos acerca de un atentado mutante desde los subterráneos de la instalación humana. Por lo visto habían estado concentrando el genoma Felden, convirtiéndolo en un arma vírica devastadora, a fin de liberarla en Rómulo 21 y así reocuparlo como su nuevo hogar.

          Tomás Kaphman, su pupilo, tendría entonces el deber de dirigir a los Cerberos de seguridad hacia el subsuelo y eliminar la célula terrorista al Día de Rómulo siguiente.

          Él sólo mandaría a los mechas, no vería nada de la trifulca… ¿pero podría soportarlo?

          Joder, sí, eran terroristas, vale. Asesinos que no dudarían en realizar tal genocidio… pero conocía bien el armamento instalado en esos robots “de seguridad“ así como sus demoledores efectos: Dragones de repetición con munición de fosfato de veinte milímetros, regulares desde la Última Gran Guerra… Picaban, no eran para nada cosa de broma. ¿Es que esa atrocidad era algo tan necesario?  

          Tanto ensañamiento. Tanta matanza para evitar otra matanza.

          ¿Por qué?

          Dios, si los veías con objetividad eran gente enferma, tristes y furiosos sin futuro alguno. Como los leprosos de hace más de trece siglos… La guillotina era algo más clemente que un impacto de esos cartuchos. ¿No podrían pensar en otra cosa que no fuese el cazarlos como a vulgares animales?

          Poner quizás en cuarentena la zona subterránea. O incluso darles periódicamente de comer y agua… Ser humanos pero de los de verdad, no por etiqueta genética.

          ¿Tendría que cumplir aquellas órdenes tan amorales, tan explícitas, aún dictadas desde su mentor?

          Me cago en… ¿¡PODRÍA dormir una sola noche tras esto!? ¿¡Sin esos… malditos números acribillándole el cráneo frente a estas emociones!? ¿¡¡Frente a estos… desvaríos tan justos, tan… tan jodidamente humanos!!?

          2521.

          “¡Mierda, otra vez igual!”

          2521.

          2521…

          ¡2521!

——————–

          De buena mañana de aquel Día de Rómulo Tomás Kaphman, nombre para él claramente inspirado por sus padres en un antiguo oficial de las SS, tomó rumbo a la redada, más bien “purga”, de las cañerías inferiores del complejo. Lo que más le reventaba antes de la partida eran los halagos y pura alegría ciudadana hacia Taylor DaSilva. Una cosa puede ser agradecimiento, vale… ¿¡pero ALEGRÍA frente a lo que ÉL tendría que hacer!? Asquerosos nazis de mierda…

          Kaphman, ya en la ubicación señalada y aborreciendo hasta su propio apellido, lanzó un pequeño drone marcador a fin de reconocer el terreno y así no enviar a demasiados Cerberos al desguace. Su vista frente a la pantalla se horripiló…

          Niños… y mujeres en estado. Con los rasgos Felden, ¡¡pero sólo niños y mujeres!!

          Tomás llamó de inmediato a DaSilva, explicándole la situación y negándose en rotundo a soltar a los robots contra inmigrantes. Taylor le recordó con malas formas que, aparte del patógeno, a buen seguro que portaban también la maldita bioarma Felden de destrucción masiva. Así que no se dejara llevar por estúpidos sentimentalismos y que cumpliese con la orden YA. Kaphman apagó el intercomunicador, arrancándose el control remoto de los Cerberos de la manga del uniforme.

          Sin que Tomás hiciera nada, los robots artillados se activaron, amartillando sus miniarmas y comenzando a disparar sin miramientos ni juicio, a pura discreción… El muy hijo de puta de DaSilva se la había jugado bien.

          Kaphman, tras contemplar a una mujer Felden carbonizándose, no pudo contener la ira y, abalanzándose sobre el mecha responsable, le aplastó con una piedra. Aún furioso cayó incapacitado por un disparo de refilón amigo.

          … Y entrecerró los ojos, casi inconsciente, mientras los androides sentenciaban sumariamente al grupo de mutantes… A antaño seres como nosotros a los que la involución de aquel futuro les traicionó.

          Ése número, aquel martirio incesante, se repetía en su cabeza, aún al borde de la muerte.

         2521…

         2521…

         ¡¡2521!!

——————–

          Tomás Kaphman despertó, ya en Rómulo 21, vendado, con una sonda y encadenado en una silla de ruedas dentro de un almacén. Frente suyo tenía al doctor gerente científico y ahora autómata sin emociones faciales, Taylor Joseph DaSilva.

          Mentándole todo insulto conocido le gritó a su superior que, si se creía que él se había infectado con el virus Felden durante la “redada”, pues que aquella reacción era lo más humano que nadie jamás hubiera podido hacer.

          Taylor le preguntó mientras cargaba un vial en su brazo robótico izquierdo que qué recordaba de hace MÁS de tres meses. Kaphman se quedó casi mudo, perplejo. DaSilva le explicó que ni siquiera se llamaba así, que él le “bautizó” con ese nombre casi histórico antes de partir de caza a los yermos fronterizos.

          Dada la furibunda sorpresa de su pupilo y sabiendo que la conversación no saldría de aquellas cuatro paredes, Taylor no dudó en otorgarle motivos y respuestas: harán ya unos cuarenta años, durante la primera invasión Felden, la división científica tomó muestras de un cadáver mutante… precediendo con ello a la peor de las tempestades.

          Aquella exudación del patógeno Felden debido un filtro defectuoso del tanque de tejidos provocó una reacción psicológica anómala en su entonces ayudante, Edward Carbine. El Paciente Cero, por así decirlo, vio en su psicosis reveladora las mentiras de Rómulo 21 y de su jefe, e, igual que un virus, se propagó boca a boca por la instalación, destapando la verdad a varios sujetos no contagiados.

          Taylor dio muerte a Carbine junto a otro centenar de testigos, pero el daño ya estaba hecho: al parecer, el patógeno mutante inhibía el control mental implantado quirúrgicamente por el doctor en cada nuevo refugiado, y lo que descubrirían entonces acerca de DaSilva y su búnker no podría borrarlo de aquellas mentes ya despiertas ni a base de tratamientos… Por esto el virus Felden no debería de entrar nunca más en el refugio.

          Todo, aquella locura conspirativa de extrema derecha le recordaba al joven encadenado a actos e ideas del antiguo puto partido nazi… Alzando sus piernas hidráulicas plegadas el doctor le confesó sin miedo alguno que con la operación a la que lo sometieron en el laboratorio clandestino no fue la primera vez que se reimplantaba una consciencia viva en otro cuerpo: su verdadero nombre era Hans Vann Grager, un viejo criminal de guerra que participó en varios altercados fantasmas durante la Última Gran Guerra. Su cerebro, acondicionado para tal proceso, se transfirió de un cuerpo a otro a medida que crecían las sospechas. Quince anfitriones en total, incluyendo el robot que ahora mismo veía delante suyo.

          “2521, 2521”… ¿¡qué mierda significaban esos dígitos en la cabeza de Tomás!? ¿Tendrían algo que ver con ese cabrón de Taylor?

           Hans terminó explicándole a su pupilo cada vez más perplejo y bloqueado que él construyó Rómulo 21 para huir de su pasado, pero que el virus Felden jamás se lo permitiría. Ni tan siquiera sus constantes trabajos a fin de poder adaptar el patógeno para la mente humana… Así que su estudiante debía de desaparecer. De “fallecer en honorable acto de servicio en su gloriosa misión por el bien de la supervivencia de la gente del complejo “.

          “Transferencia de consciencia, pruebas de adaptabilidad del patógeno “,  gritó el pobre atormentado de la silla. “¡¡¿Quién cojones SOY YO?!!”.

          Hans Vann Grager se lo susurró al oído mientras pinchaba el dedo índice izquierdo en la sonda, inyectándole el veneno del vial… En su agonía ya tuvo por fin claro su libre albedrío y resistencia al control mental de ese lunático kartofen… así como lo de los números frente a cada respuesta emocional “anómala”.

          “Bienvenido otra vez, viejo amigo.

          Esperaba que tu cadena de ADN tan contagiada por los despojos de abajo me hubiera resultado algo de utilidad. Pero te has portado fatal, como hace cuarenta años. ¡Con lo mucho que te he extrañado, grandísimo pedazo de cabrón…!

          Y así, sin embargo, no me sirves… No, aún no.

          Te vas conforme llegaste, harán… tres meses, ¿cierto?

          Hasta muy pronto, Ed”

          “Ed…

          Edward… Edward Carbine.

          Número de taquilla de personal (desaparecida, quizás en el depósito de chatarra): 2521.

          2521.

          Allí guardaba sus notas… y su diario personal.

          Era adonde acudía en caso de dudas. Ya fuesen científicas, morales o incluso existenciales.”

“La locura puede indagar en la verdad más oculta e inesperada. Sólo que no nos la dejan ver del todo.”

José Francisco Iranzo Villar

15-08-2020, Valencia.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. José Francisco Iranzo Villar dice:

    Excelente presentación y traslación gracias a una maestra en la materia. Has hecho un gran trabajo, Bea. Gracias de corazón!

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s