La Gruta del Olvido

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Se desarrolla en el mundo mágico apocalíptico de Bruma donde los Magos, seres con poderes casi divinos, viven desde hace siglos en La Comuna, instalaciones excavadas a través de la mayor de las montañas, totalmente olvidados del Cataclismo y buscando «llegar al cielo» con la elevación constante de sus castillos góticos.

En aquella sociedad creció Roman Édinies Ezequiel, un Mago novicio sin madre desde su nacimiento y siempre bajo la bota de Candor, su brutal padre adoptivo.

Roman notó desde la adolescencia cambios anormales en su cuerpo. Era capaz de manejar hechizos de fósforo blanco, una magia prohibida entre los Magos, mediante el simple vertido de su sangre. Tras usar aquel poder ígneo sanguimántico contra su retador hermanastro Elo, huyó perseguido por su gente hasta otra zona sellada desde los inicios de La Comuna donde rezaba por encima de la gruta en llamas «acepta el olvido». Sin nada que perder la cruzó, pereciendo ante todos.

Pero no: Ezequiel despertaba del doloroso Cruce de Mundos, ahogándose ya en el yermo exterior de Bruma inundado por densas nubes de ceniza. Al límite de la agonía trató de suicidarse abriéndose las venas, descargando con ello una ráfaga incontrolable de fósforo blanco al cielo y cayendo carbonizado tras de sí un enorme ser de grandes alas y piel escamosa.

El dragón abatido, sintiendo el potencial de Édinies en ése hechizo, le roció con su propia sangre al tiempo que le narraba el origen del Cataclismo en el mundo de Bruma: hará unos tres mil años todos los seres vivos eran draconianos, reptiles que vivían tanto en el cielo como en la tierra. Pero una guerra devastadora entre los alados hizo llover su sangre cargada de energía mágica sobre sus hermanos sin alas, mutándolos en una especie homínida incapaz de sobrevivir en aquel entorno. Dicho magnicidio cubrió el cielo de ceniza y los neohumanos supervivientes lograron refugiarse en las montañas de Bruma, fundando durante generaciones La Comuna y llamándose a si mismos «Magos» debidos sus poderes legados de los dragones.

Ezequiel, convertido en Ákatos El Nuevo Dragón, sabía que La Comuna proseguiría con su proyecto de «llegar al cielo», olvidados del peligro mortal que corrían… Y aunque deseaba evitarlo, su padre Candor y Elo lo maltrataron lo bastante como para tenerles consideración alguna. La ruina del pueblo Mago le serviría de cobro por todo el calvario que padeció…

Pasaron los años, casi diez que se hacen pocos. Finalmente los Magos lograron su meta, excavar hasta tocar el techo, y Ákatos, junto a su prole draconiana, derribaron el resto de la cima de la montaña, asfixiando con ello a los refugiados.

Frente a la muerte de cada Mago de La Comuna, Candor, mutado en reptil a propósito por los hermanos de Roman, escupe a éste el por qué su madre, Lady Édinies, quiso asesinarle durante el parto. Sus poderes clarividentes reflejaron a la Maga lo que iba a causar su primogénito, El Nuevo Dragón, ya de adulto.

Ezequiel, loco de dolor por el despecho de su propia madre y puro odio hacia su padre adoptivo, arrastra a Candor hasta la gruta «acepta el olvido», sumergiéndolo en un bucle sin fin del mismo sufrimiento que Roman sintió durante El Cruce de Mundos. Apesadumbrado debida la carga de su venganza genocida, y antes que acceder al Trono legítimo draconiano de Bruma, Ákatos El Nuevo Dragón prefiere «el olvido», volando ya por siempre entre las nubes de ceniza sin un rumbo fijo.

J.F. Iranzo Villar

Imagen: Foto de puesta de sol creado por kjpargeter – www.freepik.es

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